Una guía de tres pasos para cuidar la salud mental

El estrés, la depresión y la ansiedad pueden infiltrarse en nuestra vida en cualquier momento. Las siguientes son tres maneras de cuidar tu salud mental.

Como terapeuta de salud mental con treinta años de experiencia, con frecuencia me asombra la capacidad que tienen las personas de afrontar y superar retos. Vivimos en tiempos difíciles, y el estrés, la depresión y la ansiedad pueden infiltrarse en nuestra vida con frecuencia, en especial, durante una etapa de la vida que es tan incierta como la de los jóvenes adultos. Tales dificultades a veces nos dejan confundidos y nos hacen dudar de nuestra capacidad de hacerles frente y seguir adelante.

No obstante, he aprendido que cuando dedicamos tiempo a cuidar de nuestra salud mental, obtenemos más fortaleza y más resiliencia para afrontar los retos. Hay muchas cosas que podemos hacer por nosotros mismos para fortalecer la capacidad mental a fin de poder atravesar mejor los obstáculos (¡y también disfrutar de los buenos tiempos!). A continuación se hallan tan solo tres campos de acción que pueden ayudarte a mantener tu salud mental y emocional en condición óptima.

No subestimes el poder de las cosas espirituales pequeñas y sencillas

Las cosas espirituales pequeñas que puedes hacer a diario a fin de acercarte más al Padre Celestial generan mucho más poder para ayudarte a preservar la salud mental de lo que podrías imaginar (véase Alma 37:6–7). Los hábitos espirituales no hacen necesariamente que los desafíos desaparezcan, pero sí nos dan la fortaleza, la claridad mental, la perspectiva eterna, la esperanza y el valor para seguir adelante.

A menudo les digo a mis pacientes que realicen las “tareas diarias”; estas incluyen la oración diaria significativa, el estudio diario de las Escrituras, el prestar servicio en nuestros llamamientos o responsabilidades de la Iglesia, el asistir a la Iglesia cada semana e ir al templo con frecuencia, y el esforzarse por obedecer las impresiones del Espíritu Santo.

He visto que esas pequeñas y sencillas costumbres espirituales transforman de manera profunda la capacidad de las personas de afrontar los retos y superarlos. Cuando mis pacientes se comprometen a realizar dichos pequeños hábitos espirituales con constancia, sienten una mayor influencia del poder del Salvador en sus vidas. He visto que tal poder les aumenta la fortaleza espiritual y mental, y eso marca una gran diferencia en su capacidad de hallar la felicidad y centrarse en lo que de verdad importa.

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, testificó sobre ello cuando dijo: “El patrón espiritual de las cosas pequeñas y sencillas, que llevan a efecto grandes cosas, produce firmeza y perseverancia, una devoción cada vez mayor, y una conversión más completa al Señor Jesucristo y a Su evangelio”1.

No permitas que los sentimientos de ineptitud o inseguridad te impidan hacer esas pequeñas cosas espirituales con verdadera intención (véase Moroni 10:4). Si crees, o incluso si solo tienes el deseo de creer (véase Alma 32:27) que dichos hábitos espirituales pueden brindarte fortaleza, sanación, paz y esperanza, te la brindarán.

Recuerda cuidar de ti mismo

Todos hemos oído en cuanto al principio del Evangelio de la autosuficiencia. La mayoría de las veces nos referimos a ella en lo concerniente a las necesidades económicas o temporales. Sin embargo, una de las partes más importantes de ese concepto es la autosuficiencia emocional —el cuidado de uno mismo—, que es vital para preservar la salud mental.

Aunque hagamos mucho por los demás, ¿por qué nos es tan difícil a muchos de nosotros dedicar tiempo a nosotros mismos? Pienso que a veces la idea de dedicarse tiempo a uno mismo parece egoísta o una pérdida de tiempo, ¡pero no hay nada que se aleje más de la verdad! ¡Cuidar de uno mismo no es egoísta! Si no cuidamos de nosotros mismos, ¿qué puede quedarnos para compartir con los demás?

El cuidado de ti mismo comienza por ser consciente de tus propias necesidades y de lo mucho que puedes dar. Reconocer, entender y admitir tus emociones es importante para descubrir cuáles son tus necesidades. Los siguientes son algunos hábitos para el cuidado de uno mismo que pueden satisfacer parte de tus necesidades mentales y emocionales:

  • Cuida tu cuerpo al observar una dieta adecuada, dormir lo suficiente y hacer ejercicio con regularidad.
  • Cultiva vínculos con personas con las que puedas hablar y compartir tus inquietudes así como tus alegrías.
  • Busca fuentes sanas de entretenimiento, pasatiempos y actividades que te brinden dicha y que te hagan sentir realizado.
  • Lleva un diario personal en el que puedas expresar lo que sientes y organizar tus pensamientos.
  • Pasa tiempo al aire libre.
  • Fija límites sanos y di “no” cuando ya tengas demasiado que hacer.
  • Ejerce la gratitud. Ser agradecidos nos permite evitar compadecernos de nosotros mismos o culpar a otras personas por nuestra infelicidad. Intenta escribir tres cosas por las que estés agradecido al final de cada día.
  • Reemplaza los pensamientos negativos y las cosas negativas que te dices a ti mismo por algo positivo.
  • Recuerda quién eres: un hijo divino de padres celestiales. Muchas personas en el cielo y en la tierra te aman y te sostienen.
  • Reduce el tiempo que dedicas a las redes sociales (o evítalas por completo).
  • Perdónate a ti mismo y a los demás. Guardar rencores o errores del pasado coloca una carga adicional innecesaria sobre tus hombros.

Sé humilde y pide ayuda

A ninguno de nosotros se nos requiere que recorramos solos esta travesía terrenal. Aunque seas autosuficiente, el relacionarte con los demás es esencial para atender tus necesidades mentales y emocionales. Y tenemos a padres, familiares, amigos, líderes de la Iglesia, y nuestro Padre Celestial, Jesucristo, y al Espíritu Santo para guiarnos, dirigirnos y ayudarnos en nuestro camino. Dedica un momento a pensar en todas las personas con las que te relacionas actualmente. Pregúntate lo siguiente:

  • ¿Tienes una relación sana con los demás?
  • ¿Necesitas más apoyo de los demás?
  • ¿Alejas a las personas de ti, o eres capaz de pedir ayuda cuando la necesitas?

La mayoría de las veces, para poder ayudar a los demás, necesitamos saber si están teniendo dificultades. No temas, no te avergüences ni seas reacio a procurar ayuda cuando la necesites, ya sea que se trate de hablar con alguien sobre tus sentimientos de ansiedad o incluso de pedir a alguna persona que te ayude. Indudablemente, se requiere valor y humildad para admitir que necesitamos ayuda; pero con frecuencia el Padre Celestial nos bendice por medio de otras personas a medida que les permitimos acercarse y acompañarnos en las dificultades.

La verdadera autosuficiencia emocional comienza por conocer nuestros límites y buscar la ayuda de otras personas para compensar lo que nos falta. Además de los amigos y la familia, los líderes de la Iglesia también pueden brindarte consejo, guía y esperanza cuando lo necesites. Además, si a ti te beneficiara recibir asesoramiento profesional o ayuda médica para que tu salud mental se recupere, el obispo podría referirte a terapeutas cualificados.

Como bien sabemos, vivimos en tiempos difíciles. Sin embargo, también vivimos en los mejores tiempos, debido al evangelio restaurado de Jesucristo. Tenemos conocimiento del Plan de Salvación y de muchos medios que pueden darnos gozo, esperanza y paz, sin importar nuestras circunstancias. Y si utilizamos dichos medios, estos nos ayudarán a lograr regresar a nuestro Padre Celestial.

Puedes encontrar más experiencias de jóvenes adultos sobre cómo lidiar con la depresión, la ansiedad y otros desafíos de salud mental en liahona.ChurchofJesusChrist.org y en la aplicación Biblioteca del Evangelio. Echa un vistazo a estos artículos solo en formato digital:

  • Una joven adulta de Finlandia habla sobre su lucha con la salud mental y cómo el acercarse y conectarse con otras personas la ha ayudado a encontrar una salida de las tinieblas de la depresión.
  • Otra joven adulta que ha luchado contra las tendencias suicidas brinda catorce consejos sobre cómo ayudar a otra persona a elegir seguir aquí.
  • Una joven adulta de Filipinas habla sobre cómo se dio cuenta y aceptó que estaba luchando contra la depresión y cómo encontró el valor para buscar ayuda.